LA CANCIÓN DEL PARIA

"... y siempre voy vagando... y si algún día siente, mi espíritu, apagarse la fe que lo alumbró, sabré morir de angustia, más, sin doblar la frente, sabré matar mi alma... pero arrastrarla no" (O. Fernández Ríos)

domingo, 23 de julio de 2017

"PERFILES" en Canal4 radio - 21.7.17

"Perfiles" del 21.7.17 en Canal4 radio. 88.4 y 89.0 fm para Mallorca, Menorca, Ibiza y Formentera. Viernes desde las 14.30 hs.
https://www.youtube.com/watch?v=FHLeKFrZVMo&t=1521s

lunes, 17 de julio de 2017

"PERFILES" en Canal 4 radio - 14.7.17

"Perfiles" en Canal 4 radio, programa del 14 de julio 2017. 88.4 y 89fm. Debates, opinión, información, entrevistados.PROGRAMA 14.7.17

miércoles, 12 de julio de 2017

"PERFILES" en CANAL 4 RADIO

"Perfiles" en Canal 4 Radio - 88.4 y 89.0 fm. Viernes desde las 14.30 hs. Programa del 7.7.17: Francisco Cerveto, Fran Dalmau Reyes, Pablo Alonso de Caso, Miquel Palou-Bosch, Federico Marotta, Gustavo Balta.

lunes, 10 de julio de 2017

"PERFILES" EN CANAL 4 RADIO

"Perfiles" del 7 de julio 2017 en Canal 4 radio - 88.4 y 89.0 fm para Mallorca, Menorca, Ibiza y Formentera. Viernes a las 14.30 hs. Hoy con Miquel Palou-Bosch, Gustavo Balta, Francisco Cerveto, Fran Dalmau Reyes, Pablo Alonso de Caso, Ricardo Quagliatta, Matíes Cerdá Moragues y Federico Marotta.https://www.youtube.com/watch?v=XuLNMPx_PaQ&t=1554s

viernes, 7 de julio de 2017

Falleció Chunga Francia de Marotta, el imago de Wilde, memorialista plástico de la historia de Soriano

Reproducimos palabras del Prof. Alfredo Sáez Santos, escritas en su blog, referidas a mi madre. Gratitud hacia las expresiones del estimado amigo.

Santiago de Chile, foto del Prof. Alfredo Sáez

Falleció el 21 Chunga Francia de Marotta...y voló en pos de Wilde ¡que la aguardaba!   


Acabo de enterarme hoy 24 de junio.Pero  el impacto emocional ocurrió este 21 anterior.Falleció en Mercedes Chunga, Imelda Francia Rezzónico de Marotta, la esposa y compañera  vitalicia de Wilde, el pintor de nuestras memorias sorianenes.Yo la quería mucho, cariño que compartía con toda su prole y familiares más directos.Tambien idéntico aprecio  era el de los míos hacia ella.Siento hoy, noctivago taciturno, el dolor de la pérdida.
La familia de Wilde Marotta Castro y los Saez Iribarnegaray por años compartimos viajes colectivos que afianzaron una amistad pre existente.
En 1994, valga, anduvimos por Chile y en Santiago visitamos el Restaurante Show Bal Hal que mostró una de esas danzas tan comunes de nuestra Amerindia prehistórica. Representaba la presencia de dioses alados. Ilustran las coreografìas, sabiduría estetizadas de los hombres“primitivos”, cuántas veces elusivos y renuentes al mero don de la racionalidad acadèmica.
Notaba yo cómo Wilde le prestaba extasiada atención a las figuras en alianza visual y espiritual con Chunga, mujer amable,sacerdotisa laica  de la templanza y la bondad generosa.  Hombre culto él, inteligente y de alta sensibilidad artística, interpretaban y gozaban ambos por los neuro transmisores del alma,  simbolismos comunes.. http://1.bp.blogspot.com/-5hsF6_wI8f4/TWKhlXwB17I/AAAAAAAAFV8/NMaAPxzBZWw/s1600/Bal+Hal+994.bmp
La foto de Santiago de Chile y sus escoltas compatriotas me sigue dejando recuerdos, melancolías y enseñanzas. La bandera de la patria nos identificaba y nos enorgullecía en aquel espacio festivo e internacional del Bal Halchileno.
Evoco cuando hace algún tiempo en Facebook,Federico, amigo de siempre,e hijo de Wilde Marotta y de la bien amada Chunga, decía que las plumas del escudo de Soriano diseñadas por su padre, si bien representan  los primitivos habitantes de terruño oriental del río Uruguay, también por extensión alcanzan a todas las divinidades que han hecho del concepto "cielo" un inmaculado paisaje de elevación. La danza que veíamos en el escenario del restaurante, acrecentaba en Wilde su convicción de  timón acostumbrado a volar en alas de su ordenada y prodigiosa imaginación .Experimentaba  el placer estético que  ofrecían los polícromos  artistas, quizás con una mayor intensidad de la que todos los que estando  allí podíamos introyectarnos. La Humanidad es especie aeróbica.Pero en la incidencia Chunga- tutora enamorada y marital – también cuidaba de su Hombre individual pues, a veces,algún desborde  de éxtasis,  puede ser  riesgo en esa especial naturaleza diferencial de las mercedes que portan los artistas tocados en ciertas exclusividades por las musas.
Dependemos del agua y de la tierra, pero somos bichos de las profundidades de ese  mar de aire que es la amósfera. 
Inventamos aviones, globos aerostáticos,alas delta y las Religiones con Dioses. Se los creó a imagen y semejanza, pero queda un faltante que fue y sigue siendo privilegio intraficable a favor de los Divinos. Es que portan alas y nosotros estamos capados en esa materia. Desalados.
Wilde Marotta Castro también aló su escudo de Soriano con cuatro simbólicas plumas eyectantes de seres volátiles para que pudiéramos en el mito remontar grandezas sin quedarnos enterrados en mediocridades pedestres.Y ahora  Chunga, con sus alas de noble mujer, trepa al encunetro de su Wilde.¡Para siempre, eternamente!... que ya pagaron los dos el flete de su amor inmaculado.
Prof. Alfredo Sáez Santos


jueves, 6 de julio de 2017

"FALLECIÓ IMELDA FRANCIA DE MAROTTA, EL IMAGO DE WILDE..." Por el Prof. Alfredo Sáez Santos

"Acabo de enterarme hoy 24 de junio. Pero el impacto emocional ocurrió este 21 anterior. Falleció en Mercedes Chunga, Imelda Francia Rezzónico de Marotta, la esposa y compañera vitalicia de Wilde, el pintor de nuestras memorias sorianenses. Yo la quería mucho, cariño que compartía con toda su prole y familiares más directos. También, idéntico aprecio, era el de los míos hacia ella. Siento hoy, noctívago taciturno, el dolor de la pérdida..." - Palabras del Prof. Alfredo Sáez Santos a raíz del fallecimiento de mi madre. Palabras que agradezco al estimado amigo. El texto completo en el siguiente enlace a su blog:

https://charo-charadas.blogspot.com.es/2017/06/fallecio-chunga-fancia-de-marotta-el.htmlhttps://charo-charadas.blogspot.com.es/2017/06/fallecio-chunga-fancia-de-marotta-el.html

lunes, 15 de mayo de 2017

REVOLVER

Mi mayor amiga la idealización me trae el recuerdo de hermosas etapas vividas.
Mi mayor enemiga la idealización me sugiere el retorno.

Las etapas vividas se revalorizan y la nostalgia invade libremente todo nuestro ser.

Aquí he vivido, en una naturalmente hermosa isla de sierra, llano y el mar. Un mar insinuante, sugerente, atrapante. El mar está en cada imagen de un momento feliz. Esconde en su belleza la tumba de miles que se atreven a cruzarlo a bordo de transparentes lágrimas de color. La marea sube a base de llanto.

Uno a veces se cansa de eso que llaman integración. Uno, tercermundista por definición original, sudaca sin recelos, que tiene que andar explicando sus cosas, siempre sale adelante en el desafío de cada mañana mediterránea. Y así lo hace porque es el único camino, porque está solo y porque la derrota se siente en la espalda.

Es más difícil retornar que emigrar. Todo cambió en realidad, lo nuestro es idealización.

Uno sonríe en cada imagen pública mediterránea y uno atrae silenciosamente la nostalgia hecha una canción que habla del sur.

Uno sabe que hizo las cosas bien. Uno pudo desarrollarse en familia, digna, seguramente. Feliz junto al mar.
Uno tiene grabadas en su mente las lágrimas de un abuelo cuando vio marchar a sus nietos felices. Uno ha hecho las cosas mal.

Nuestro futuro está hecho de recuerdos. Amigos y familia nueva acompañan. Uno a veces está solo igual.

Mi mayor enemiga la idealización me trae el recuerdo de hermosas etapas vividas.
Mi mayor amiga la idealización me sugiere el retorno.

A partir que emigras extrañarás siempre. Y si retornas también extrañarás.
De extrañar estamos hechos los orientales del Uruguay. De recordar. De volver a pasar por el corazón. 

miércoles, 10 de mayo de 2017

"CONTACTO CON SPENCER" por Emilio López Gelcich

CONTACTO CON SPENCER

Caminaba con el bolso marinero colgado en el hombro derecho, sujetando con la mano izquierda el portafolio. En la esquina puse todo en el suelo, respiré hondo, invertí la ubicación de la carga y continué la marcha. Finalmente llegué a la parada de autobuses y pregunté:
¿Aquí pasa el que va al aeropuerto?
No – contestó una mujer – en la siguiente.
Gracias – dije, preparándome para realizar un nuevo esfuerzo.
Pasaron diez minutos, del ómnibus ni noticias. Contaba con tres horas, pero el hecho de tener que presentar pasajes, documentos, y despachar equipaje me ponía nervioso. De pronto el coche apareció, pagué el boleto al conductor y ocupé un asiento que daba al pasillo.
Ojalá no suba mucha gente – comentaba en voz baja, mientras arreglaba mis pertenencias.
El lugar de al lado continuaba vacío, pero dado el ritmo de ingreso, seguro me quedaba poco tiempo para contar con los dos espacios.
No… No… No… – gesticulé varias veces, en tanto un hombre enorme se aproximaba hacia mí, y tuve que ceder el paso para que se sentara.
¡Que incomodidad!... Fue muy difícil reacomodarme, aquello era terrible, hacía mucho calor, faltaba algo más de media hora para llegar, y de seguro, con el correr de los minutos, aquel personaje transpiraría profusamente. Solo el recuerdo del moreno haciendo gambetas, mandando la pelota al fondo de la red, paliaba la situación. Y cuando se repetían demasiado sus jugadas, aparecía el rostro de Jenny recitando aquel poema lejano, vinculado al futbol. Esas imágenes me permitían soportar al monstruo híbrido, un tanto asexuado, que con gran parsimonia, desparramaba su adiposidad empujándome hacia la gente que viajaba de pie. Cuando divisé el aeropuerto sentí un alivio indescriptible, al diablo el hombrón, al diablo el calor, por fin podría respirar tranquilo, sin tener que soportar ese ambiente denso. Y fue antes de ingresar al edificio de partidas internacionales que recordé aquel gol de cabeza. Faltaban tres minutos para finalizar el encuentro y se produjo un tiro de esquina en el arco de la tribuna Ámsterdam. El centro vino servido contra el palo derecho, y en una fracción de segundo el moreno se elevó, colocando un frentazo que mandó el balón a lo más profundo del pórtico.
Alberto Spencer
Mercedes / 7/ 1986
Estimado Alberto:
Veinte años después quiero darte las gracias por todos los momentos inolvidables que me hiciste vivir. Tus amagues, esos saltos quedando suspendido en el aire… Fue debido a tu presencia en la cancha que logré superar trances amargos, y lo más importante, comprender la secuencia de la rima. Es que la posición de tu cuerpo y tu toque de pelota me explicaron, en la práctica, qué para iniciarse en la literatura es imprescindible entender la cadencia, la sincronización de frases que a veces, hasta en desorden, muestran el sentido armónico de hechos y situaciones que conjugan nuestro destino.
Un domingo en la tribuna bastaba para soportar toda la semana escuchando insolencias. El recuerdo de tus movimientos hacía posible olvidar los golpes, los atropellos, los baños con agua fría todos los jueves, en pleno invierno. Después vino lo máximo, tus goles contra el Real Madrid en el mismo Santiago Bernabéu… ¡Campeones del mundo!... Y aquellos versos en boca de Jenny, conformando un círculo concéntrico que me acompañó siempre: fútbol y poesía.

En el cielo las estrellas,
en el campo el girasol,
y en el medio de mi pecho,
la bandera de Peñarol.


En policía internacional entregué el pasaporte, el funcionario de turno lo miró un instante y estampó un sello que marcaba la fecha de salida del país. Luego coloqué el portafolio en una cinta ancha que pasó por la máquina de rayos X. Dos funcionarios observaban una pantalla, solo aparecían papeles, lápices, y alguna tinta correctora, por lo tanto no hubo reparos. Antes de trasponer el detector de metales pregunté si borraba disquetes o videos, me respondieron que no. De pronto la alarma sonó, llevaba monedas y unas llaves, las mostré y me dijeron que pasara. Sin darme cuenta, mientras caminaba a la sala de pasajeros en tránsito comencé a cantar aquella canción dedicada a mi pequeña amiga de antaño:

Recuerdo tu nombre Jenny…
Tu primer redacción…
Linda flor que en la infancia,
mi dolor perfumó.

Me senté en un sillón, aún faltaba media hora para embarcar. Dos aviones del puente aéreo partían a Buenos Aires, otro a Río de Janeiro con conexiones, y el mío se dirigía a Santiago de Chile. De pronto me puse de pie, subí una escalera y visité el Duty Free. En el sector de los licores resaltaba una oferta de whisky. Cuando salí me dieron ganas de ir al baño. Entré, me miré en un espejo, no había nadie, me pareció que algo estaba mal y volví a la puerta, decía DAMAS.
¡Otra vez en las nubes! – Recriminé en voz baja – ¡Que idiota!
El de los hombres estaba justo al lado, por lo que ingresé de inmediato. Me disponía a salir cuando se escuchó el llamado a embarcar. Caminé con mi pase a la puerta indicada… Entré al avión, puse mis cosas en la bodega superior para equipajes de mano, y observé que uno de los líderes políticos de la nación estaba a punto de sentarse tres filas atrás. Me quedé un instante observándolo… – Permiso – dijo una señora que se dirigía a su asiento. – Disculpe – respondí, dejándola pasar. Ya sentado me coloqué el cinturón de seguridad mientras una azafata llevaba a cabo las instrucciones de rutina. Posteriormente el capitán informó sobre la duración del vuelo y la nave comenzó a moverse en la pista. Cuando estábamos en el aire me di vuelta varias veces, observaba al líder con admiración, pensaba en sus años de presidio, en lo que representó y representa toda la tragedia de aquellos tiempos violentos. Luego miraba a la señora que iba a mi izquierda sorteando las páginas de un diario, seguramente buscando cosas que le interesaran, pero al parecer no había nada, pues llegó al final y lo colocó en la abertura que hay atrás de cada respaldo de enfrente.
¿Sería tan amable de prestármelo? – le pregunté.
Por supuesto – respondió.
Yo en realidad no sabía si quería leerlo, pero el hecho de distraerme me llevaba a buscar en las páginas cualquier información en la sección deportiva. Colocolo había empatado con Flamengo en Río de janeiro tres minutos antes del término del encuentro; estaba la foto de la anotación, un hermoso gol de cabeza. De pronto las asistentes de vuelo llegaron con el carro de la comida, bajé la mesa portátil y colocaron la bandeja con alimentos.
¿Qué desea beber señor? – preguntó una joven con la cabellera tomada desde atarás con un broche.
Vino tinto por favor – respondí.
Cuando pedí un segundo vaso ya estaba pensando en los guiones que debía entregar a la productora. Ojalá los aceptaran, ya que de ello dependía la realización del programa y mi estabilidad económica de los próximos meses.
¡Basta! – Dije – tengo que relajarme, todo saldrá bien, y si no es así, tampoco se va a terminar el mundo.
¿Café o té señor? – Era la azafata que portaba dos jarras de metal.
Café – respondí.
Y mientras lo tomaba, nuevamente la imagen del moreno comenzó a delinear con su cuerpo la estructura clásica de un soneto. Partía de la mitad de la cancha hamacándose hacia un lado, volcándose hacia el opuesto, amagando dos veces, para finalmente eludir al marcador de turno por donde había iniciado la maniobra. De esa manera, repitiendo la acción, diagramaba los dos cuartetos. Llegando al área rival acentuaba los movimientos, entonces daba la idea de lanzarse por la izquierda, pero se volcaba a la derecha, y finalmente, cuando el contrincante se disponía a quitarle el balón por ese lado, quebraba magistralmente el cuerpo, evadiéndolo por el lugar en que había iniciado el movimiento, rimando así la primera con la última secuencia. Ante una nueva marca repetía la acción, segundo terceto, luego se dirigía al arco contrario para marcar otra anotación en su amplio historial deportivo.
Por los parlantes una voz anunció que nos aproximábamos a la Cordillera de los Andes. El tiempo era bueno y en el lugar de arribo había una temperatura de veinticuatro grados. Nuevamente me di vuelta para mirar al líder, se veía muy bien, a pesar de todo, su cuerpo seguía erguido y su rostro mostraba esa sonrisa natural, espontánea, que llevan los hombres que han cumplido con sus designios. En ese momento acudieron a mi memoria los rostros de Ana, compañera en el liceo, de Isabel, de Julio, que a partir del mil novecientos setenta y tres fueron detenidos por la dictadura. Ana estuvo catorce años presa, Isabel algo más, en cuanto a Julio, es uno de los desaparecidos. Ante esas imágenes que me angustiaban, volví a entonar la canción dedicada a mi amiga de la infancia.

Recuerdo los dos renglones,
vivaces ojos, pequeña voz.
Recuerdo aquel dibujo,
con los dos árboles,
tu redacción.

Siempre fue la mejor de la clase, la más inteligente, sus composiciones eran concisas, perfectas. En dos líneas sintetizaba sus pensamientos, logrando cautivar tanto a maestros como a compañeros de curso.
¿Cómo estará ahora? – A menudo me pregunto. Pero es mejor no saber nada y guardar su imagen de pequeña, que junto a los goles de los domingos fueron lo único dulce de mi niñez.

Recuerdo tu nombre Jenny,
por eso esta canción,
linda flor que en la infancia,
mi dolor perfumó.
Alberto Spencer
La Cordillera de Los Andes quedó atrás, nos preparábamos para aterrizar en el aeropuerto Toribio Merino Benítez (Santiago de Chile), los respaldos de los asientos estaban verticales y habíamos ajustado los cinturones de seguridad. De pronto se sintió el ruido que hacen las turbinas para disminuir la velocidad. El avión tocó tierra, se acercaba el momento de saludar al líder político. La voz del parlante agradeció la elección de la compañía, nos dijo que esperaban volver a vernos, y luego solicitó que esperásemos que la nave se detuviese completamente para abandonar los asientos. Miré hacia atrás, el líder estaba pronto para incorporarse.
Debo esperar un poco – me dije – en lo posible dejarlo pasar y ponerme atrás, para luego abordarlo.
Quien ocupaba el asiento a mi lado quería sacar sus bolsos, me puse nervioso, logré mantenerla a raya un momento, pero no tuve más remedio que levantarme. Caminé lo más despacio posible, percibía la presencia del líder político, cuando traspuse la puerta del avión saludé al personal de vuelo, el plan finalmente se desarrollaba a la perfección. Comencé a bajar la escalera, dos autobuses esperaban a los pasajeros, aminoré la marcha, debía asegurarme de que subiésemos al mismo coche, ese era el lugar ideal para el encuentro, además el recorrido duraría unos minutos. Sentí un aire de triunfal en mí entorno. Y fue entonces que miré hacia un costado y vi un hombre de chaqueta azul, con un bolso de cuero. Lo seguí con la mirada, percatándome de que era negro, espigado, físico atlético, con algunas canas.
Increíble – me dije. – ¿Será Spencer?
El moreno recorría el pasillo del autobús, yo iba atrás, tratando de descubrir si en realidad era quién parecía ser. Una mujer de pelo rubio se colocó a su lado, yo me paré justo enfrente, despejando toda duda. Era Pedro Alberto Spencer. Los ojos se me humedecieron, tuve que hacer un gran esfuerzo para controlarme. Solo atiné a mirarlo, gozando de esa presencia mágica que indicaba el cierre de una etapa de mi vida. De pronto levantó la vista y me miró. Quedé inmóvil, hasta que guiado por una extraña fuerza le dije:
¡Si habré gritado tus goles!... ¡¡Si habré gritado tus goles!!
Me alegro – respondió con una voz que sinceramente no recuerdo.
Al despedirnos sentí un poco de vergüenza, no estaba preparado para asumir aquel contacto. El ómnibus se detuvo y todos comenzamos a descender. Pedro Alberto Spencer caminaba adelante con esa señora que seguramente era su esposa. Se pusieron en una de las filas para chequear el ingreso al país, yo continuaba observándolo. En ese momento recordé al líder político, seguramente estaba en algún lugar del aeropuerto. Con el brazo en alto hice un adiós tan sentido como simbólico. Spencer mostró su documentación y se perdió de vista…

Santiago de Chile 21 /11 / 1996
Estimado Alberto:
No sé si agradecerte a vos o al destino el hecho de que aparecieras en etapas tan distintas de mi vida. Me parece increíble que desde una tribuna en ese estadio declarado monumento al futbol por haberse disputado la primera copa del mundo, me dictases las cátedras más sutiles de literatura. La poesía estaba en tu técnica atildada, sincronizando el compás de los textos escritos en verso. En cuanto a la prosa, se fue dando conjuntamente con tu leyenda, en el hecho de destacarte sin dejar de lado jamás la armonía del juego colectivo, encantando multitudes con o sin el balón, acaparando la atención como un personaje literario de géneros diversos. Luego tu vida extra futbolística. Diplomático de alto rango en la embajada de Ecuador, donde conjugaste siempre deporte y cultura. Tú lucha incansable por la vida ante esas dolencias cardíacas, donde le hiciste gambetas a la muerte, ya que tenías que seguir siendo un símbolo vivo. Apoyaste a grupos de enfermos del corazón realizando demostraciones deportivas, o con tu solo acto de presencia. Cuantas jugadas Alberto, que como escribió Bertold Brech, estas entre quienes luchan siempre, los imprescindibles.
Al estrecharte la mano, una persiana oculta bajo mis párpados se cerró, tú accionaste el fantástico mecanismo. Pero tengo la certeza de que en ese mismo instante se abrió nuevamente el telón de ese escenario privado que es uno mismo.
No hay texto alternativo automático disponible.
Emilio López Gelcich
Epílogo
Tres años después, debido a circunstancias que no vienen al caso, el cónsul de Ecuador en Uruguay me invitó a su despacho. A las once de la mañana llegué a las oficinas consulares, ubicadas en un edificio del sector de Pocitos. La secretaria me invitó a sentarme y así lo hice, dispuesto a esperar, pero casi de inmediato Pedro Alberto Spencer salió de un salón pidiéndome que pasara. Esta vez sí conversé con él por un espacio de tiempo, hablamos brevemente del relato y sobre todo de algunos pasajes de su historia. Al despedirnos lo miré a los ojos satisfecho, agradecido ante las dos oportunidades que me brindó el destino.
Ana e Isabel son personas reales con los nombres cambiados, y hasta fines del siglo XX al menos, continuaban viviendo en Mercedes, vinculadas al rubro del comercio.
Julio, también con nombre ficticio, continúa desaparecido, siendo una de las víctimas de los cruentos golpes de estado que en los años setenta asolaron América Latina.
En cuanto a Jenny, cuyo nombre es real, la última vez que estuvimos juntos fue en Montevideo, ambos teníamos diez años de edad.






lunes, 9 de enero de 2017

LA DILIGENCIA EN MERCEDES, SORIANO Y URUGUAY

LA DILIGENCIA EN MERCEDES

La comunicación mantenida con el Sr. Juan Francisco Bacigalupe, carmelitano radicado en Montevideo, nos permite conocer una página de la revista “Mundo Uruguayo” de julio de 1937:
“Antiguos medios de locomoción. Diligencia de Mercedes a Dolores, único medio de locomoción para viajeros, que desde 1890 a 1920 fue dirigida por “Antolín”. Cuarteador de esta diligencia, Antolín González, radicado actualmente en Carmelo, ganó desde 1890 al 97, $ 2.50 mensuales. Mayoral del año 97 hasta 1920, a pesar de su reconocida pericia, sólo percibía un sueldo de $ 20. “Antolín” añora aún aquella época en que su látigo y su voz hacían resoplar a la caballada de la diligencia”.
Indagamos algunas páginas que relacionan a Mercedes con este tipo de locomoción:
MONTEVIDEO-MERCEDES EN TRES DIAS (1856)
Tomemos como fuente a Carlos Echinope Arce:
“La diligencia demoraba tres días en el recorrido Mercedes-Montevideo. Salía de Montevideo los días 5, 15 y 25 de cada mes a las 5 de la mañana y de Mercedes hacia la capital del país los días 10, 20 y 30 a la misma hora. Pasaba por la Villa de San José.
Precios de los pasajes: de Montevideo a Mercedes y viceversa: 12 patacones. De Montevideo a San José y viceversa 4 patacones (640 reis), de San José a Mercedes y viceversa 7 patacones (460 reis).
Se admitían 20 libras de equipaje a cada pasajero y se cobraban 80 reis por el excedente.
La Agencia se encontraba en calle Uruguay Nº 25.
Nótese el uso de la moneda brasileña en 1856. La moneda nacional comenzó a circular en 1840, pero por muchos años circuló moneda extranjera con poder cancelatorio”.

MERCEDES – DOLORES
Alvaro Kröger, sobre un texto de José María Fernández Saldaña nos cuenta:
“… en la última etapa sólo en las dimensiones y en la conformación del techo que sostenía la baca diferían las diligencias de un “breack” grande, con sus asientos largos bis a bis y su única puerta trasera.
Así era la que me condujo de Mercedes a Dolores en 1908, por el mismo camino que en 1868 recorrían las diligencias de Tomás Lozano, saliendo de Mercedes los días pares y regresando de Dolores los impares”.

“… Hacia el oeste tomaban las diligencias de Mercedes, que constituían la rama principal, haciendo escala en Colorado, Santa Lucía, San José, Guaicurú, El Perdido y Corralito.
En Mercedes había un coche que salía los martes y viernes para Fray Bentos ajustando con el itinerario de los vapores de Salto.
La empresa de Menéndez y Leyva hacía semejante recorrido y mantenía idéntica combinación”.
EN DILIGENCIA A MERCEDES
Del libro “En la Banda Oriental”, de Hermann Burmeister (naturalista, paleontólogo y zoólogo nacido en 1807 en Prusia y otras biografías lo sitúan alemán y radicado en Argentina, donde se le ofreció la dirección del Museo Público y fue fundador de la Academia de Ciencias Naturales de Córdoba. Entre sus publicaciones:
“Historia de la creación” (1843), de pensamiento anti Darwin, recorrió buena parte de América del Sur).
“DE CONSTRUCCION ABSOLUTAMENTE EUROPEA”
“… frente al Rincón, a orillas del río Negro, se encuentra la pequeña ciudad de Mercedes, meta de mi excursión.
El 15 de diciembre viajé rumbo a Mercedes. En estas regiones existen cuatro maneras de viajar: como simple jinete con una bestia de carga y un sirviente; en coche, ya sea en cabriolé o en la diligencia y en lentas carretas tiradas por bueyes. Por varios motivos debí escoger la diligencia, que recorre la distancia desde Montevideo a Mercedes en tres días. Se recorren cuatro a cinco leguas hasta llegar a determinadas postas, allí se cambian los caballos y en una de ellas, preparada para tal fin, se pasa la noche. En estas postas se brinda al viajero un lecho, una buena cena y también el desayuno.
En las provincias argentinas no se encuentran estas comodidades. La estancia de la posta destinada a los pasajeros es en la mayoría de los casos un establo vacío y a lo sumo tiene algunos catres, una mesa y un par de sillas, pero la cama debe llevarla consigo cada viajero y pagar bastante por su transporte. Las comidas son malas y mezquinas y casi no se consiguen bebidas. El vino, el té, el café y todos los alimentos que se desee tomar con excepción de la carne, quedan a cargo de las propias provisiones del viajero.
La diligencia en la que reservé mi lugar era de construcción absolutamente europea; una sólida carroza con cabriolé y cupé con capacidad para doce personas. Siete caballos: cuatro en la primera fila uno junto al otro, dos adelante y uno en la punta tiran del carruaje y lo llevan sobre piedras y troncos a vertiginoso galope. El caballo de la punta va montado por un peón al igual que el último de la izquierda. Un jinete que galopa junto al carruaje fustiga de tiempo en tiempo a los caballos con un látigo largo y al mismo tiempo conduce una docena de caballos sueltos que se tienen siempre a mano para reemplazar a los de tiro al cabo un de un par de leguas”.
“LAS DILIGENCIAS ALEMANAS NO TIENEN NOCION…”
“Así se va por valles y colinas, a través de ríos y arroyos sin demora hasta que al cabo de dos o dos horas y media se llega a un rancho donde se cambian los animales y se puede tomar un refrigerio. Por lo general, ese rancho suele ser un local de venta de todas las mercaderías necesarias para el campo, desde telas para vestidos, arreos para caballos, implementos agrícolas, platos, copas, cuchillos y tenedores a aguardientes, vino y golosinas secas. En uno de los extremos de la casa hay un escaparate protegido del sol por un toldo, debajo del cual se encuentran a ambos lados bancos de tierra para descansar. Allí se adquiere cuanto se necesita y se puede conseguir.
En una hora se recorren 2 a 3 leguas, de manera que en un día se hacen 20 a 25 leguas, o sea 12 a 15 millas alemanas, unas dos millas por hora. Las diligencias postales alemanas no tienen noción alguna de la velocidad con que se hacen estos viajes. Una milla cada hora es la velocidad máxima que se espera de un postillón imperial prusiano y si llega con antelación se le castiga. Por supuesto, en Europa los caballos no se desploman sin vida en el camino, lo cual no es raro en este país. Al mismo tiempo, no hay vestigio alguno de carreteras bien trazadas. La senda por la cual se marcha es una vía trazada sin arte alguno, a menudo sin ninguna huella. Se extiende sobre la superficie natural como viene. Cuando uno se asoma por la ventanilla del carruaje cuesta creer que se puede transitar por semejantes caminos. Por cierto, no hay troncos y piedras como mencioné anteriormente a modo de metáfora. La leña escasea en el país y los guijarros sólo aparecen en la cercanía de las cuchillas o en algunos arroyos, pero no en las praderas que son usadas como pasturas y como calles. Sin embargo abundan las
irregularidades del terreno sobre las que la diligencia vuela a galope tendido, mientras en su interior los pasajeros se bambolean de aquí para allá al punto de perder todo sentido. Por una empinada cuesta la desatada horda se precipita al río. Por todas partes salpica el agua y la loca carrera convulsiona la corriente que se cubre de espuma. Con la misma frenética velocidad se asciende por la orilla opuesta del río en medio de la gritería de los cocheros y el restallido de los látigos. Las pobres bestias bregan con terrible esfuerzo y no es raro que alguna caiga muerta en el lugar. Ningún cochero alemán consideraría posible semejante viaje. No obstante, en estas latitudes se realizan a diario sin que haya quejas. Nadie se preocupa por los pobres animales ni contempla sus sufrimientos. Quien osare exteriorizar sus pensamientos al respecto, se expondría a la risa y las burlas de los presentes que lo tomarían por demente. El peón flagela a los caballos con indignante indiferencia, cuando aminoran la marcha extenuados por el esfuerzo o se detienen. Con sus grandes espuelas, cuyo diámetro es el del platillo de una taza de té, lo espolea en los flancos con tanta brutalidad que le hace manar sangre y le arranca jirones de piel. Nadie da muestras de compasión. El dueño sólo piensa que la pobre bestia es su propiedad. Pagó por ella y en consecuencia tiene derecho a torturarla hasta causarle la muerte si se niega a obedecerlo. Su religión le enseña tener compasión por los seres humanos porque están bautizados, pero no por los animales que no han sido rociados con agua bendita. A su juicio, fueron creados por Dios para ser atormentados”.
“MILLARES DE OVEJAS DISEMINADAS…”
El viaje en diligencia Montevideo-Mercedes le permite describir lo que ve. Entre otras cosas:
“La primera jornada de viaje de Montevideo a San José es la más entretenida, pero no la más importante para el naturalista. Se sale de la ciudad antigua pasando por el mercado y por una escarpada ladera peñascosa situada a mano izquierda donde no hay aún ningún camino trazado, se baja a la orilla de la bahía que aparece rodeada por una vasta y lisa playa de arena, sobre la cual como sobre una pista natural, algunos jinetes adiestran a sus caballos o juegan pequeñas competencias. A la derecha, sobre una costa arenosa, algo elevada, aparece una hilera de casas de mal aspecto, en su mayoría tabernas frecuentadas por gente ordinaria. A la izquierda se extiende la superficie de la bahía y en el fondo se eleva el cono regular de unos 160 m de altura del Cerro de Montevideo. Frente al mismo emerge de la bahía la pequeña Isla dos Ratos donde funciona el establecimiento de cuarentena…” “…los rebaños componen la principal posesión de un terrateniente oriental: numerosas cabezas, cien a quinientas término medio, pero hay ganaderos cuya hacienda comprende dos mil y más cabezas y éstos de manera alguna se cuentan entre los más ricos. Cualquiera sea la dirección de la mirada se ven sobre los campos las masas de varios colores, semejantes a típicas franjas manchadas que dan prueba concluyente de la inmensa cantidad de animales de tiro y de matadero que son criados en las llanuras de la Banda Oriental. Millares de ovejas diseminadas en las vastas praderas comparten en apacible calma los pastos con los caballos y las vacas, pero sin mezclarse con ellos. Cada animal se asocia con los de su especie. Se separa de las otras y les deja pastorear sin molestarlas. De ordinario, el ganadero rioplatense sólo se dedica a la cría una sola clase, pues no se puede explotar las tres con buenos resultados parejos. Sólo cría caballos, vacunos u ovinos y mantiene tantos ejemplares de las otras dos clases como lo que le son menester para su propio uso…” “… la mujer también ostenta su frescura sólo de los doce a los dieciséis años de edad y luego decae el encanto de la juventud, reemplazado por una típica actitud sin alma, sin vida, cuya vacuidad llama enseguida la atención del extranjero acostumbrado a alternar con las damas. Su principal deseo es contraer matrimonio lo antes posible y
aquel con quien ya no es posible, pierde todo valor a los ojos de la mayoría de las jóvenes damas. Por esta razón no desperdician su tiempo acercándose y hablando con él. Detrás del pueblo, los cercos…”
MERCEDES – FRAY BENTOS
Los barcos que hacían la carrera Salto-Buenos Aires comenzaron a detenerse en el puerto de lo que luego sería Fray Bentos. Se establece entonces en 1857 una línea de transporte por diligencias con Mercedes. Se hacía diariamente y los viajeros se embarcaban en los pailebotes o para continuar viaje hacia Gualeguaychú, Argentina. Funcionaba la posta de diligencias y hostería de Pons y Florenza. Fray Bentos nacería luego con el nombre de Villa Independencia en 1859.
DILIGENCIAS EN EL CRUCE DEL RIO NEGRO
Del libro “Para una historia de Los Arrayanes” de José Olazarri, en su capítulo IV “Cuando nace el Uruguay”: “Pasaron tres décadas y como el cargo de Maestro de Postas del Correo se transmitía por herencia, Bernardino García Cuadra lo dejó a su hijo Juan Bruno Cuadra y Montes de Oca, a quien le sigue su sobrino Antonio Peralta. Esto se modificó luego, el gobierno, ya oriental, comenzó a rematar el usufructo del paso. Lo obtuvo Luis Meirelles de Castro en 1853, cobraba por el servicio de balsas los siguientes precios: …”
“Meirelles de Castro se desempeñaba como agente de embarcaciones fluviales y en su declaración de impuestos del año 1860, aparecen cinco barcos de su propiedad y también como “dueño de diligencias”, sobre lo que seguidamente nos extenderemos:
En 1852, inmediatamente de firmada la paz que dio término a la Guerra Grande, se organizaron los primeros servicios para el transporte de pasajeros, desde Montevideo. La empresa más importante era la “Compañía de Mensagerías Orientales”, acompañando el aumento de población en el interior del Uruguay, distribuía el correo con cinco carreras principales de diligencias que tenían su centro en Montevideo. Una de sus terminales se ubicó en Salto, cruzaba por el litoral del río Uruguay. Se establecieron postas –una de ellas en el paso de Mercedes, margen derecha del río Negro- a lo largo de los caminos que recorría. Se hallaban separadas por distancias de hasta 50 km, y era el lugar donde se recambiaban las tropillas y si era necesario, dando posada a la noche. Allí vivía un encargado con su familia, casi siempre en ranchos de adobe y techo de paja, con algunas habitaciones. En un espacio común estaba el fogón con calderas, ollas y asador, donde se recibía y daba de comer a quienes cruzaban…”.
LA PRIMERA EL 22 FEB. 1857
“…Los carruajes eran grandes, de cuatro ruedas, a veces divididos en un par de ambientes, con varios asientos, ventanillas y pescante, tirado por 4 o 5 yuntas de caballos. Cuando llovía mucho y los caminos se volvían barro, se le sumaba las cuartas. El vehículo podía transportar hasta 8 o 10 personas y carga, en el techo se transportaban los bultos mayores. Lo dirigía un mayoral a quien acompañaban dos peones, uno era el cuarteador. Aquel era responsable de la correspondencia una vez establecido el sistema regular de correos, y avisaba con un toque de corneta, su llegada a la posta.
En la establecida por Meirelles de Castro, con el costo del pasaje de 6 patacones, podía transportarse sin cargo 20 libras de equipaje (9 kg, la libra equivale a unos 450 gramos). La primera que unió regularmente Mercedes con el puerto de Fray Bentos –recién nacía con el nombre de Villa Independencia- corrió el 22 de febrero 1857. En combinación con los vapores antes mencionados, “salen del otro lado del río los mismos días a las 10 de la mañana. Para pasaje de diligencia ocurran al Sr. Cames (Confitería
del Comercio en la plaza)...” Ese “otro lado del río” es sin lugar a dudas Los Arrayanes, y su destino el atracadero que en dos años, pasó a ser el eje de la nueva población fundada en las costas del río Uruguay.
Su destino se extendió a Gualeguaychú en Entre Ríos con la que había fluido comercio. Aunque población de alguna importancia, estaba tan poco organizada que usaba la cárcel de Villa Soriano para sus presos. Y en el caso de fallecimiento, se mandaban los cajones desde Mercedes donde se organizaba el servicio fúnebre, aquellas población carecía de empresas en el ramo.
Mientras tanto no todo era fácil para Meirelles, entre otros tuvo problemas con Manuel Pereyra, que en marzo 1861 cruza “peones, familia y maderas para la población que está haciendo del otro lado del río Negro. No se ha podido cortar dicho abuso pese a las advertencias“. Meirelles se dirigió al Capitán del Puerto a fin de detener las dos embarcaciones del antes mencionado, lo que así se efectuó. Lo citamos, porque de acuerdo a lo expresado, Pereyra sería uno de los pobladores pioneros en la zona de Los Arrayanes o sus inmediaciones. En el mismo año el vecino Antonio Basté, que ejercía el cargo de “Delineador” de la ciudad, solicita un terreno en calles de las Artes (actual Colón) y De la Ribera (avda. Asencio).
El permiso de Meirelles caduca en 1864 y es entonces que Basté al año siguiente, instala un hotel y a la vez una balsa (12), monopolizando el uso del muelle Treinta y Tres para cruzar pasajeros y dar hospedaje a quienes lo requirieran, logrando así un doble beneficio. Cobraba un real por persona y otro a cada caballo, pero con los pasajeros de las diligencias “se arreglaba convencionalmente”. Llegamos a noviembre 1867, cuando Pedro Henríquez Peña y otros se quejan que Antonio Basté ha tomado como suyo el muellecito de piedra de pasajeros, privando del servicio al público que colaboró para hacerlo. Agrega que: “la piedra fue sustraída del campo de mi propiedad sin mi consentimiento, no arrancada sino levantada de un muelle que allí había, y del que quedan aun algunos restos… de lo que no reclama por ser eso en beneficio público y no particular… Quiere ser solo para imponer el precio de su pasaje. A Basté sólo le interesa atraer los pasajeros de las diligencias a su fonda” (com. pers. Esc. Alfonso Arias)...”

AUTOMOVILES POR DILIGENCIAS, 1911
En trabajo independiente que complementa su libro sobre Los Arrayanes, José Olazarri agrega:
“Tres recopilaciones de Emilio Hourcade Leguísamo sobre el río Negro de la prensa mercedaria entre 1857-1892, 1910 y 1930, arrojan nuevas luces sobre dicho lapso para lo que fuera escrito en “Para una Historia de Los Arrayanes”, de nuestra autoría. En ellas se refleja que la calidad del servicio de balsas del río Negro era discutida, por más que se vislumbran otros intereses de acuerdo a la tendencia politica de los medios, en épocas de resentimientos y aun odios partidarios. Igualmente aparecen sucesos que muestran otros tiempos y situaciones, que seguidamente transcribimos, y que por desconocerlos, fueron omitidos en su momento.
A ello podemos agregar lo sucedido con la aparición del automóvil que se iba popularizando rápidamente como medio de transporte para pasajeros. Pero fue recién el 1º de julio 1911, que se proyecta un “Servicio de automóviles” 5 en sustitución de las diligencias, entre Mercedes y Fray Bentos que según lo que en párrafos siguientes se narrará, en pocos meses fue efectivizado. Por los años ´20 comienzan las polémicas sobre las balsas que cruzaban el río Negro, aun no estaba el puente de ruta 2.
Las escolleras merecen unas líneas, tanto se repite equivocadamente sobre la construcciòn de las mismas, que tuvieron como fin tareas de personal del Ministerio de Obras Públicas procurando mayor navegabilidad del río, siempre con problemas en el estiaje. Y finalmente agregamos una descripción poco conocida de un paseo a la Fuente que ya llevaba el nombre de Asencio en 1946, antes Chaná, y que es sin dudas un verdadero emblena para Los Arrayanes, hoy convertido prácticamente en un barrio de Mercedes, si bien con autonomía mayor y dependiendo del Departamento de Río Negro...”

LAS DILIGENCIAS
“…El 27 de octubre 1857 llegó esta nueva diligencia destinada a la conducción de pasajeros de Mercedes a Fray Bentos, y viceversa. Los numerosos pasajeros que de Gualeguaychú se dirigen a este punto tienen hoy un medio de efectuarlo por muy poco dinero, con comodidad y prontitud. El viaje de M a G se hace yendo hasta FB en la diligencia y atravesando luego el Uruguay y río Gualeguaychú con un total de 6 o 7 horas. La nueva diligencia es nueva, liviana, fuerte, con capacidad para ocho personas”, según el periódico Río Negro, 29/10/1857.
Hallamos además este aviso en la prensa de Mercedes, febrero 1875: “Empresa de Diligencia Fugasa y Shulze. Desde el presente mes queda al servicio público una diligencia, perteneciente á la razón social arriba mencionada. Hará la carrera diariamente, de Fray-Bentos a las 6 de la mañana para Mercedes y de Mercedes a la 1 de la tarde para Fray-Bentos. El precio del pasaje vale un peso; las encomiendas convencional. Los vecinos que necesiten caballos como para ir hasta el saladero Bopicuá, en la posta de esta Diligencia los tendrán por un módico precio. Agentes: en Fray Bentos D. Octavio Rupprech, en lo de D. Bautista Tatti. En Mercedes Fernandes y Díaz, y en lo de Basilio Chelle. Mercedes Febrero de 1875”.
LAS POSTAS DEL CORREO
De la historia del Correo surge:
“En los años que siguieron, hasta nuestra independencia, los progresos del servicio de correos fueron muy escasos, variando poco su organización colonial, no llegaban al interior sino solo a Buenos Aires. La lucha contra los ingleses, españoles y portugueses desplazaron la atención hacia otros fines de interés vital.
El establecimiento del Correo Nacional en realidad comienza con el nombramiento del primer Administrador General de Correos de la Provincia, realizado
el 21 de diciembre de 1827. Es verdad que con anterioridad había personas encargadas de la conducción de correspondencia, tales eran los maestros de postas y postillones, en su mayor parte designados por jefes militares y a las órdenes de los mismos, los cuales prestaban servicios de acuerdo con las necesidades del ejército. Era un organismo rudimentario sin normas fijas, falto de centralización y regularidad. En la misma época se redactó un reglamento provisional para las postas de la Provincia.
El día 1º de enero de 1828 abre sus puertas por primera vez en Montevideo la Administración General de Correos, En setiembre de 1829 se fijó una tarifa que comprendía: correspondencia común, impresos, certificadas, encomiendas y dinero. Por un decreto de noviembre del mismo año fueron sacadas a licitación 133 postas, correspondientes a los nueve departamentos de la República, más 7 que funcionaban entre Salto y Bella Unión. Se establecía un contrato por el término de tres años, por el término de tres años, siendo obligación sostener para cada posta 50 caballos de silla y de tiro para el servicio del Estado y los particulares.
No se crea por ello que durante esos años no hubo que vencer enormes dificultades, los servicios se cumplían con grandes sacrificios. Los maestros de postas renunciaban a sus cargos, pues su penoso trabajo no era remunerado con regularidad, se les adeudaban cuatro y hasta cinco años de sueldo, llegándose a situaciones extremas por no haber personas que quisieran desempeñar tareas tan ingratas y poco lucrativas. Para subsanar las deficiencias mencionadas fue menester utilizar soldados de la Policía. Las administraciones de los pueblos sufrían el mismo mal, con frecuencia no se encontraba persona que las tomara a su cargo gratuitamente.
Por razones de economía en enero de 1832 el Correo pasó a ocupar un nuevo local, siguiendo ese tren de reducción de gastos, en el año 1834 sólo quedaron cuatro carreras de posta: 1ª Montevideo a Santa Teresa, 2ª Solís a Cerro Largo, 3ª Montevideo a Salto y 4ª San José a Colonia. A mediados del año 1835 Oribe suprimió todas las carreras de postas existentes. La conducción de correspondencia se hacía por empresas particulares subvencionadas. La intensa crisis económica determinó esas medidas, ya que el servicio resultaba excesivamente costoso para el Estado. Los servicios de correos quedaron enormemente resentidos dando lugar a serias protestas por parte de la prensa y la población en general debido al retraso en la recepción de la correspondencia. Se denunciaron casos como el siguiente: una carta salida de Montevideo para cualquier punto del litoral tardaba tres semanas.
En la Guerra Grande Como es de imaginar para el Correo los recursos mermaron dentro de un ambiente de guerra. De ahí la inactividad completa de los servicios terrestres, sólo los militares recibían y enviaban correspondencia por medio de chasques.
En el año 1852 se hizo un llamado de propuestas para la conducción de correspondencia para el interior. El Gobierno las rechazó por considerarlas muy caras disponiendo que el servicio fuera atendido por particulares. Los Correos saldrían de Montevideo los días 1º y 16, regresando los días 14 y 30 respectivamente de cada mes. Se hizo un contrato con Atanasio Lapido para el servicio de Correos de toda la República, estableciéndose las condiciones siguientes: Cinco carreras de postas con sucursales en varios puntos; salidas ordinarias los días 1 y 16 de cada mes; contribución
$ 100 mensuales y contrato por seis años. Los resultados fueron francamente favorables apreciándose rápidamente la eficacia y regularidad del servicio. Deben tenerse en cuenta las dificultades de todo orden que era necesario vencer para hacer llegar la correspondencia a los más apartados lugares, en aquella época, cuando los recursos eran escasos, los medios primitivos, los obstáculos opuestos por la naturaleza muy frecuentes, y la seguridad relativa”.
Publicado en Semanario Entrega 2000 de Mercedes, Uruguay, en el año 2008

jueves, 5 de enero de 2017

OBRERO Y ESCOLAR (El viejo ómnibus de los papeleros)

A la hora señalada comenzaban a verse las túnicas blancas de la escuela. Emergían desde todos los sitios para congregarse en "La esquina", lugar estratégico del Barrio Pamer desde donde partían caminos en cuatro direcciones. Las moñas azules venían caminando los mediodías para encontrarse todos junto a "lo Pastore", el viejo bar repleto de telarañas en el techo, adorno supremo.
Algunos se adelantaban a la hora para jugar a la bolita, demostrando habilidades natas en este juego y llevándose, por supuesto, las mejores, luego de previas apuestas a bastante discusión. Todo un arte, desde el primer momento de pisar fuerte una bolita para hacer el hoyo y gritar clásicas frases o las mediciones con las manos o los pies en noventa grados detrás de nuestra bolita, esperando que no se la llevasen. Por un costado otros dejaban ver las "figuritas" de los álbumes del momento. Habilidad notoria para irlas pasando de mano en mano mientras el otro rápidamente decía: "la tengo, la tengo, la tengo... ¡no la tengo!" Entonces se daba paso a la ardua negociación de intercambio para llegar al trato justo o lo que había que ceder por conseguir una "difícil", la "sellada".
Mientras tanto quien sabe qué hablarían las niñas, varias de ellas expertas en la confección de pomposos anillos con hojas finas de palmeras, las cuales eran cortadas en cuatro con el filo de las uñas y entrelazadas luego con gran destreza. De repente el más pendiente cortaba la tensión del juego mientras gritaba: "allá viene", señalando al viejo ómnibus sindical papelero que doblaba a su izquierda pasando por el puentecito de la cañada.
Se terminaban rápidamente los "arrime pared" guardando las redondas latitas que tenían pintados los jugadores de fútbol de la época, aquellos que sólo conocíamos de la radio o del diario.
De vez en cuando un grito: "¡apurate!", avisando a algún retrasado de la presencia del transporte escolar.
Fábrica y Barrio Pamer - Foto de periódicocentenario.com.uy

Eran finales de los 60 y también comienzos de los 70. Generalmente conducía Donatti. Rostro serio, como para no dar pie a actitudes de bandidos. Ubicado en la "caseta" del ómnibus, separada ésta del resto del pasaje, salvo una ventanita que a veces abríamos para darle algún aviso: "falta fulano". El ómnibus tenía ese lugar para el chofer solo en un costado, al viejo estilo inglés, a la derecha, claro. Al fondo se ponía para la ocasión un cerramiento de madera para evitar que los niños pasaran al pasillo trasero que daba a una puerta de salida siempre abierta. Por alguna esporádica ocasión, cuando la situación lo requería, el chofer se bajaba de su sitio, abría la puerta delantera del ómnibus y tan sólo eso bastaba para que todos volvieran a ser buenos niños con caras de angelitos.
Desde la Pamer hasta la Escuela 1. Con las típicas actitudes de alboroto de niños que vivían el transporte como una aventura. Donde había que subir primero para ir eligiendo los mejores lugares o aquellos sitios que hacían volar la imaginación.
Al regreso cosas parecidas. Bajar la escalera de la Escuela, girar apenas a la derecha para encontrarse siempre el ómnibus estacionado que nos llevaría de regreso al barrio. En ocasiones algún escolar de la ciudad cubría su curiosidad y se subía al viejo ómnibus, perdiéndose luego en trayectos no conocidos, alarmando a sus padres, pero satisfaciendo su ansia de aventura.
Todo el año, todos los años. Casi siempre Donatti, nuestro referente, el hombre de confianza de nuestras familias en el peso de una gran responsabilidad. También en días de lluvia, de invierno. O días de creciente, donde había que saber si se podía "pasar" la cañada o había que dar la vuelta larga e ingresar por la Ruta 14. Más aventura todavía.
El destino de regreso volvía a ser "La esquina". Allí donde el viejo ómnibus giraba pesadamente para concluir su noble misión... una de ellas.
No era precisamente éste el ómnibus, pero muy parecido si.


Cada ocho horas los obreros papeleros iban y venían de la fábrica. Todos los días. En el intervalo de la tarde el pasaje obrero pasaba a ser escolar. Con el paso de los años los uniformes blancos de moñas azules se mezclaban con los liceales del Campos.
Un buen día nació la 110, en un pequeñito y alargado salón que la fábrica papelera destinó para la ocasión. Mientras tanto comenzaba la construcción de esa nueva Escuela 110, donde hoy está.
Publicado en el libro "Gente Noble"-Editorial Entrega 2000-año 2012