LA CANCIÓN DEL PARIA

"... y siempre voy vagando... y si algún día siente, mi espíritu, apagarse la fe que lo alumbró, sabré morir de angustia, más, sin doblar la frente, sabré matar mi alma... pero arrastrarla no" (O. Fernández Ríos)

miércoles, 14 de septiembre de 2016

DOS SICILIANOS LOCOS

¿Qué legado dejaron Antonio y Águeda?

Su vida transcurría en el fascinante paisaje del Valle de Alcántara. Vivían en la siciliana isla, en la tranquila y pequeña Francavilla, en Messina. Sus hijos corretearon las calles del pueblo, al pie de las ruinas del castillo feudal y al crecer apareció la idea de la aventura.

Cayetano era mayor, pero Giuseppe decidió un buen día buscar el amor de su vida encontrándolo en Trécchina. Allí conoció a Teresa. Se casaron y en la calle San Martino sin número dieron vida a su familia. Pronto vino Antonino di Giuseppe y luego Santiago Giácomo, potenzanos ambos.
En los finales del siglo XIX las necesidades económicas se sumaron a un deseo de aventura que desembocaría en el sueño de una tierra donde vivir mejor.
Giuseppe se puso en contacto con Cayetano y abordaron la idea. Los hermanos decidieron el viaje y pusieron su empeño en él. Antonino y Santiago crecían, al igual que los apremios y el sueño americano.

Fue así que Giuseppe y Cayetano comunicaron la noticia a sus padres. En la tranquila Francavilla los corazones latieron más fuerte aunque no rugiera el cercano Etna. A fines del siglo XIX una despedida a América significaba una distancia que quizás no volviera a andarse. Era más que probable una ida sin retorno.

¿Cómo despedirse de un hijo sabiendo con seguridad que no lo volverás a ver?

¿Cómo despedirse de un padre sabiendo que no lo volverás a ver?

Giuseppe Marotta Olivieri (Sicilia)
En diciembre de 1896 con la firma de Umberto I fueron expedidos, desde Lagonegro, los pasaportes. El de Teresa era el 3515 y válido por un año. En cada pasaporte un hijo. En el de Giuseppe aparecía Antonino y en el de Teresa estaba Santiago y en ambos figuraba un destino: Buenos Aires.
Hasta allí llegaría el barco, con pasajes de segunda o tercera clase.

¿Cómo besas a un nieto sabiendo que no lo volverás a ver?


¿Cómo miras tu casa, tu calle, tu valle, sabiendo que no los volverás a ver?

En el trayecto venía alguien más.
María, la hermanita de Antonino y Santiago no figuraba en los pasaportes y desde su propio origen ya tenía una definición de patria singular. ¿Italia? ¿El mar? ¿Uruguay?

Llegados a Buenos Aires partieron casi en lo inmediato a la ciudad de Mercedes, tierra oriental. Ya vivían muchos italianos por allí y quizás algún contacto los invitase a tenerlos como referencia.
Los barcos demoraban muchos días en cruzar los mares. Las decisiones eran más pensadas porque había menos opciones de volver. Sólo quedaba una sensación, había que ir adelante. Inevitablemente siempre adelante.

Teresa Maimone Sciotino (Potenza)
¿Y cómo se despide uno de sus amigos sabiendo que no los volverás a ver?

Prontamente Giuseppe y Cayetano comenzaron a trabajar. Ambos eran zapateros y a ello dedicaron sus esfuerzos. Poco a poco mejoraron y hasta su propia casa instalaron certificando su arraigo.
Luego llegaron más hijos de Giuseppe: Alfredo, Mercedes, José Domingo y Carlos. Siete hermanos en total, dos sentimientos y dos patrias para los hijos de Teresa.

Cayetano, mientras tanto, conoció a Ana. Su primer hijo tenía que llamarse Antonio, por la tradición, enriquecida por la nostalgia. La primera hija se llamó Águeda y así completaba el tano su sentimiento, hijos con nombres de padres. Cuando llegó el tercero lo invadió el fuerte amor de su tierra y afloró un Italia Genoveva Florencia que reflejaría su añoranza. Más calmado quizás o por instancias de la madre llegó luego Ana María Irene. A miles de kilómetros, navegando el mundo, quizás alguna carta: "... mamma, llegó mi niña, la primera... le pusimos tu nombre..."

¿Habrá viajado alguna lágrima en ese papel?

Las familias de Cayetano y Giuseppe fueron creciendo, desarrollando su trabajo entre zapatos de todas las clases, reuniéndose con otros tanos en sociedades para su mutua protección y junto a ellos la música y el fútbol. A puro instrumento descendientes integraron la histórica Banda y los laburantes intuían el no irse más.

¿Qué carta se le escribe a un padre sabiendo que no lo volverás a ver?

Los numerosos hijos crecieron a ritmo de evocación y tarantela. Se educaron con la pasta y la pizza sí, con el asado y aquello del ser oriental.

¿Qué carta se le escribe a una madre sabiendo que no la volverás a ver?

De Cayetano y Giuseppe viven hoy cientos de descendientes. Incluso muchos desparramados por el mundo. Pero con un denominador común que es la historia familiar que tiene dos patrias hermanadas y una herencia de aventura y sueños que nació con dos sicilianos locos. Con trabajo, música y poesía también, con arte y aventura.

Una carta para dos sicilianos soñadores.

¿Qué carta se le puede escribir a dos sicilianos locos?