LA CANCIÓN DEL PARIA

"... y siempre voy vagando... y si algún día siente, mi espíritu, apagarse la fe que lo alumbró, sabré morir de angustia, más, sin doblar la frente, sabré matar mi alma... pero arrastrarla no" (O. Fernández Ríos)

lunes, 12 de septiembre de 2016

CARMEN Y SUS MANOS (CHILE)

Casi veinte horas de viaje que se transformaron agotadores. En realidad quería escapar y acepté la invitación de mi amigo Antonio, que me recibiría en Santiago de Chile. Antonio sabía de la situación reinante y así fue que, sin dudarlo, se hizo cómplice del drama ajeno, lo atrajo para compartirlo y hacerlo así menos doloroso.

Atravesar la Argentina fue aburrido y tedioso. El paisaje era similar y la gente y los pueblos y ciudades que pasaban parecían los mismos. Todo porque mi pensamiento vagaba por mundos ajenos a la realidad, intentando recomponer un pasado que había dejado de funcionar. Seguía soñando un mundo feliz junto a Inés, que nunca pudo ser a pesar del sentimiento mutuo.

Entonces comencé a divagar mirando la carretera, la memoria refrescó a la primera novia adolescente o la de aquella otra que me miraba con interés, fijamente, más preferí esquivar.

Quedé preso en el recuerdo de Joana, aquella chica del instituto que me dijo con voz inocente que me quería. Pero ahora ya era tarde Sentía que la necesitaba tantos años después.

"No, no es eso... supongo que eso pasa en un momento en el que lo estás pasando mal y tu cerebro salta a una situación agradable. Pero puede ser engañosa... eso ya pasó".

El coche comenzaba a subir cordillera. Ni me percaté de los hermosos penitentes y tuve que reaccionar a tiempo para estacionar en el puente del Inca, el mágico lugar cordillerano de montañas, soledad, reflexión y cabras increíblemente vivas en las cornisas, otrora paso del inca. Las palabras de Carmen martillaban el cerebro.

"Si volviéramos a esa situación... o sea, si tuviésemos el poder, quizás descubriríamos que no es lo mismo. Que sólo es nuestro deseo de refugiarnos en algo agradable..."

Ciertamente Joana ya no podría ser, habían pasado larguísimos años. El largo "caracol" que hace bajar rápidamente la cordillera me concentró en el viaje. Resultaba peligroso para la primera vez semejante descenso y me percaté que ya estaba pisando territorio chileno.

Un pisco preparado con limón, hielo, clara de huevo y mucho de fraternidad sellaron los brindis iniciales con Antonio. Pusimos al día nuestras vidas y a la mañana siguiente salimos por la limpia Santiago. Con mucho de sol, el paseo por la mítica alameda resultó un perfume de vida en nuestra amistad vieja. Pero, además de estar en compañía de mi amigo, peleaba locamente con mi memoria. Preso de mis recuerdos no podía olvidar mi amor de los últimos largos años.

"La vida da muchas vueltas y a veces se complica mucho sentimentalmente... pero de todo se sale -eran las palabras de Carmen selladas a fuego- no nos quedemos anclados en ese recuerdo. Hay que ser conscientes que la realidad es otra. Si no, podríamos sufrir más de lo necesario. Y si ahora estás pasando un mal momento sentimental... deberá seguir su proceso natural y después ya verás como todo lo ves distinto...".

En la feria de Bella Vista mucha bohemia, mucha artesanía y gritos pegados en mil camisetas. Cuadros forjados con Neruda... "quiero estar en la muerte con los pobres... que no tuvieron tiempo de estudiarla...".

"Por esas cosas no se llora -afirmaba Carmen- yo pienso que todo tiene su caducidad. Si ya acabó es porque no tenía sentido seguir. Yo tengo pareja ahora, dentro de un año... no lo sé. Pero tampoco voy a pensar en ello".

Estar lejos de casa te va cambiando el pensamiento. Ayudan los nuevos aires de Valparaíso, con sus coloridas casas en los cerros y los imponentes barcos anclados. Los "choritos", exquisitos mejillones, comenzaron a distender y alegrarnos en los pequeños restaurantes del puerto.

La playa de Viña del Mar recibe corriente fría y por lo tanto no es aconsejable darse un baño. El océano Pacífico es inmensamente grande y hacen falta ojos y mucha memoria para llevarlo siempre con uno.
El chileno es un buen anfitrión del visitante y según Antonio cuanto más al sur te vayas... mejor recibido serás.
Nuevamente en Santiago de Chile salimos caminando para bajar el exquisito vino, uva sensacional.
No había dudas que el santiaguino es educado y muy respetuoso con la limpieza de su ciudad. Hasta que imprevistamente para mí apareció ante nosotros la Casa de la Moneda y mirando su frente desde la plaza contigua se me vinieron las imágenes del 73.

"La vida es para vivirla sin tener ese tipo de reflexiones. Lo que tenga que venir, vendrá...".

Me despedí de Antonio y su mujer después de una inolvidable cena en el Bali Hai, con decenas y decenas de turistas, excelente comida y bailarinas polinésicas, atrapado en una noche que parecía no ser de las mías.
Atrás también había quedado el cerro San Cristóbal, desde donde se ve la inmensa Santiago, cuya belleza peleaba con la densa atmósfera contaminada y juntas ofrecían un contraste armonioso en donde simulaban convivir bien a pesar de sus diferencias.
Ciertamente Santiago enseñaba que a pesar de esa, su envolvente y densa atmósfera contaminada, su belleza se mantenía siempre tan viva y feliz.
Carmen seguía escribiendo desde la lejana España...

"Lo importante es que tú te sientas bien. Ya verás que todo el misterio está en eso. Estar bien con uno mismo es vital".

Publicado en libro "Gente Noble" (impreso en España, Editorial Entrega 2000)