LA CANCIÓN DEL PARIA

"... y siempre voy vagando... y si algún día siente, mi espíritu, apagarse la fe que lo alumbró, sabré morir de angustia, más, sin doblar la frente, sabré matar mi alma... pero arrastrarla no" (O. Fernández Ríos)

lunes, 23 de diciembre de 2013

ALTAR DE LA PATRIA - ROMA - GENTE NOBLE

"Soleada mañana la siguiente. Roma levantó un templo en honor a la patria, que se ve desde varios lugares, desde la lejanía impresiona y en la cercanía más, en medio de dos calles o al fondo de una. Ni patria ni altares para mis nobles queridos, ni reyes, como éste unificado. Ni mármoles, ni Carrara ni banderas, cruces ni nada, para mis nobles queridos. 

Pero la belleza atrae, enamora y en las interminables escaleras blancas de mármol se confundía su blancura, su seda y el viento que enseñaba sus piernas de piel al sol, firmes como su pensamiento. En la blancura, apenas roja una vincha cuerda pequeña que retenía su pelo. Estaba mirando con altivez la plaza veneciana enfrente y se dejaba querer a la vista porque la belleza atrae. Daba la bienvenida sin mirar y parecía el ángel del soldado desconocido protegido en tumba rodeada de fuego, soldados, blancura de mármol y ella, con su seda blanca en movimiento. Todo parecía volar como sus esculturas al cielo que homenajean a la ciudad, al sol y a la luna, que desafían la lluvia y el viento, que parecen caminar con la misma determinación que mis nobles amigos que todavía no conozco y no lo haré, seguramente, que me han enseñado tanto.
Altar de la Patria-Roma, Italia. Monumento a Vittorio Emanuelle II

¿Es que tengo que decidirme? ¿Es que tengo que levantar bandera? El paisaje era blanco y también celeste, por el cielo, las nubes, el cielo, el mármol y ella, de piernas que se cruzan, en la escalera, bajo una bandera unificada. Que no es la mía y también lo es, que se mueve al viento, como su vestido, como el fuego del soldado que nadie conoce, como las nubes, como los carros del cielo del altar, sus caballos y sus ángeles que guían. 

Entré, caminé, subí, subí más y de todo me quedó la imagen blanca, sobre todo blanca, con un poco de celeste. En muchos momentos hay que soportar la lluvia en los ojos, el viento en la contra, como mis amigos los nobles, desafiantes como los ángeles de los carros del cielo del altar de la patria, que no es patria. Tal vez ellos deberían estar allí, arriba, impresionantes. No importarían lluvias ni vientos, truenos, tempestades. Ellos, los nobles, también están acostumbrados. Y otra vez me fui, también me volví a dar la vuelta alguna vez y miré mi corazón y había un espacio para la blancura y el viento de seda. Entonces decidí llevarla conmigo. Para siempre.
(Parte del relato "Gente Noble" del libro "Gente Noble" 2012, de Federico Marotta)