LA CANCIÓN DEL PARIA

"... y siempre voy vagando... y si algún día siente, mi espíritu, apagarse la fe que lo alumbró, sabré morir de angustia, más, sin doblar la frente, sabré matar mi alma... pero arrastrarla no" (O. Fernández Ríos)

viernes, 9 de julio de 2010

LA CELESTE DE LOS CIEN AÑOS

Estimado Pepe:

Si bien queda el partido por el tercer puesto se puede hacer un balance pues para la historia de Uruguay en el fútbol quedar terceros o cuartos casi da igual. Viejas frases como el “cumplidos sólo si ganamos” marcan la historia, si bien en los tiempos modernos una buena actuación (o incluso fracasos) se festejan popularmente cual hazañas conseguidas, condicionando viejos valores de victorias o tal vez presentando a través del fútbol una motivación para festejar algo, unidos por la misma bandera. Puede ser porque muchas otras cosas no quedan, a saber, para que el país vibre unido. Así la representación nacional llamada selección de fútbol cobra protagonismo inusitado y fervor de sentimientos por el país, que tendría que tener alguna otra vía transmisora para que los uruguayos puedan acostumbrarse más seguido a exteriorizar el orgullo de haber nacido bajo el cobijo de la orientalidad. O si no, habrá que esperar al próximo mundial, clasificación mediante.

Uruguay no vende en los medios de comunicación. Lo digo visto desde el punto español. Las radios transmitieron en directo a Uruguay recién en la semifinal. Jugando en cuartos ninguna en directo y sólo en los penales se conectó cuando todos los otros partidos de cuartos fueron transmitidos. La televisión de pago ofreció la mayoría de los partidos de Uruguay y en la prensa menciones obligadas de acuerdo al avance de las fuerzas celestes.

Los prestigiosos diarios deportivos daban a Lodeiro titular para la semifinal y se preguntaban cuál holandés competiría por ser el mejor jugador, si Snejder o Robben. Los naranjas eligiendo rival para la final pensando en cómoda victoria.

Ni siquiera ha sido catalogada la selección Uruguay como “la sorpresa” del Mundial, puesto su historial. Estaba ahí, nadie sabía bien cómo, otros diciendo que la suerte de cruces y de grupo, que el fútbol destructivo, que los mundiales recién comienzan cuando uno se enfrenta con una potencia futbolera.

En fin, la selección hizo llegar a España la imagen de identificación con el país. Perfil bajo, declaraciones sensatas, actitud de equipo, entrenador ilustrado, Forlán líder, con el aderezo de la suerte en el penal ghanés, las nuevas manos endiosadas y un loco tirando penales. Para algunos la luz de Maracaná volvía a encenderse y la semifinal de México 70 tomaba valor (¿cuántos fueron a recibir al aeropuerto a los uruguayos de aquel mundial?).

Pero eran segundos en los medios, líneas en la prensa. Uruguay estaba en la semifinal pero nos aburríamos de ver la llegada de Argentina a Buenos Aires y a su entrenador, por aquello de que el morbo suele vender más, por más que eduque nada. Por aquello de que satisface ver al soberbio derrotado sin darse cuenta que se están sentando en la misma silla.

Cuánto cuesta analizar el todo o la historia toda. Qué fácil resulta analizar el presente y denostar las armas con las cuales se defienden otros.

Si de hablar de la semifinal se trataba las imágenes naranjas nos goleaban. Obvio resulta que la mayor parte del tiempo se habla de España, lógicas razones. Hablar de Uruguay resultaba obligado dado su avance, pero era como un momento del cual había que salir rápidamente y pasar a otro tema más vendible: ¿porqué el Real Madrid dejó ir a Robben y Snejder? ¿qué dijo el entrenador argentino? ¿cómo recibieron a Brasil?

Uruguay resultó ser un equipo a apoyar desde la consideración del débil, del asombro de cómo un país de tres millones y pico de habitantes puede estar llegando a semifinales. Es así que también (en el corto espacio en que uno está) el apoyo a la celeste fue recibido, por aquellos viejos lazos afectivos de la Iberoamérica. Ese cariño subyacente por lo uruguayo también se hizo sentir, claro, y el deseo de victoria celeste en la semifinal también era proclamado.

En un momento dado la rivalidad continental Europa-América llevaba a pensar las palabras antes de expresarlas, para no generar enfrentamientos banales donde confundir un partido de fútbol con países lleva a una exaltación casi incomprensible de nacionalidades continentales. Creo que dolía cuando el avance sudamericano cobraba protagonismo. Ya después de cuartos la vieja Europa se volvía a creer aquello de que recuperaba el ombligo del mundo. Además la única selección que quedaba era Uruguay, que para algún periodista era la única de las cuatro que firmaba quedar segunda en el Mundial.

Porque en estos tiempos deportivos se valoran las posibilidades de cada equipo visto presupuestos, población, poderío económico del país.

Pero quien conozca al uruguayo deportivo jamás podría decir aquello de que un oriental firma quedar segundo antes de jugar. Mantengo personalmente la postura de que es mejor el todo o nada, recibida una educación deportiva histórica que nos obliga a creer en lo imposible, en las hazañas.

Aquí entramos en la nueva polémica. ¿Es un triunfo quedar terceros o cuartos? ¿Valdrán los análisis de las nuevas generaciones?, ¿o debemos mantenernos en hechas frases que marcan conductas, que obligan a la heroicidad deportiva, como esa de que cumplidos, sólo si ganamos?

1910-2010: cien años vistiendo de celeste.