LA CANCIÓN DEL PARIA

"... y siempre voy vagando... y si algún día siente, mi espíritu, apagarse la fe que lo alumbró, sabré morir de angustia, más, sin doblar la frente, sabré matar mi alma... pero arrastrarla no" (O. Fernández Ríos)

lunes, 15 de febrero de 2010

LOS CLUBES SOCIALES

Los clubes son como un engranaje social imprescindible en la cultura del sorianense. Ir al club, llámese sede, es la inevitable ronda nocturna donde pasar el rato, comentar las novedades del equipo, tanto de pesca o ciclismo o ver practicar si de básquet o bochas se trate. El mostrador, la barra de todos los días, las reuniones de la comisión y todas las novedades sociales del entorno. Las fotos colgadas en la pared, los trofeos exhibidos en la vitrina y las comidas, caseras, hechas por cocineros de ocasión o el tradicional, pero juntos en una mesa larga sostenida por caballetes en el club de los amores.

Todos los equipos de fútbol de Mercedes tienen su sede social, incluso existen sedes de algunos desafiliados o que participan en otras ligas. Los clubes de básquet también tienen su espacio físico, el lugar donde se va después del partido o donde uno se arrima a veces al mediodía.

Los hombres fueron niños que han ido creciendo vinculados a la vida y los colores del club social y/o deportivo, como tantas mujeres también. Los colores van por la sangre y su equipo es la columna vertebral de su vida, la característica que lo identifica, tanto como su profesión. Fulano, el de tal equipo. Mengano, el que es presidente de aquel club. Sultano, el que juega en tal institución. Perengano, el que jugaba a las bochas y después pidió pase…

Esa es en síntesis buena parte de la vida social sorianense. Ese club donde uno desarrolla un deporte, una pasión, donde uno festeja su cumpleaños, despide la soltería de un amigo o los quince de la hija o donde uno celebró su casamiento. No descubro nada, claro. Es tan común que un botija diga que se va para la sede y que el novio o esposo demore en llegar a casa. ¿Porqué sirve decir estas cosas hoy?

Porque en Mallorca no existe esta sociabilidad. Los clubes no tienen sede. La mayoría entrenan en polideportivos municipales y allí existe un bar-cafetería, pero del polideportivo. No existe esa posibilidad de socializarse en todo sentido con el club de los amores. No hay un espacio físico donde mamar a diario la historia de una institución.

Se realizan cenas generalmente en restaurantes o casas de algún jugador, a veces en el bar del poli. Pero no tienen el espíritu de las sedes sorianenses. Las bodas o reuniones de empresa se hacen en restaurantes y además los cumpleaños de quince de la niña no se festejan de la manera nuestra. Los equipos de básquetbol tampoco tienen sede. Los dirigentes no se ven al mediodía para liquidar algún tema y los jugadores se comunicarán de cualquier forma menos junto al clásico mostrador o billar o mesa de cartas, allí donde entre alguna bandideada se va curtiendo el cuero del parroquiano y se va gestando el amor puro por los colores del club.

La sociabilidad en Mallorca se da de otra manera. España es una tierra de bares-cafetería por doquier en donde se sientan hombres y mujeres por igual, a diferencia grande de los clásicos bares sorianenses, históricamente hechos para hombres. La comunicación es diferente, ni mejor ni peor.

Pero para uno que en Soriano siempre tiene como referencia la sede del club, se siente el tema tan distinto que en este caso sí se extraña. Este es uno de los aspectos por los cuales argentinos o uruguayos suelen no acomodarse del todo en su relacionamiento con la nueva tierra de acogida. Hay una socialización diferente, se genera de otra manera.

Además, el “vení a casa a tomar unos mates” se transforma en “nos vemos en el bar y tomamos un café”. Tal vez por esa costumbre nos resulte a los latinos del sur muy fácil abrirle las puertas de nuestra casa a una persona y tal vez por eso resulte más difícil a los mallorquines abrirte las puertas de su casa. Pero ninguna de las dos cosas es mejor o peor. Simplemente que uno se crió de una manera y pasó a vivir de otra. Cada sociedad va fabricando sus propias maneras de ser.

Quizás sea por eso que se considera que el latino americano es más “cariñoso” en su manera de ser.

Quizás por esto no haya caravanas de campeones exhibiendo su orgullo mientras se saluda a sus clubes hermanos.