LA CANCIÓN DEL PARIA

"... y siempre voy vagando... y si algún día siente, mi espíritu, apagarse la fe que lo alumbró, sabré morir de angustia, más, sin doblar la frente, sabré matar mi alma... pero arrastrarla no" (O. Fernández Ríos)

domingo, 18 de octubre de 2009

"CARTAS" - "El Flaco" (relato 11)

Dedicado a mi amigo Carlos Rivero.
Se fue criando en el negocio familiar y educándose en católicos colegios. Pero El Flaco, escéptico y respondón a ese destino, se fue olvidando de la harina y la cristiana educación. Pasó a un instituto público y más tarde prefirió seguir estudiando por sus instintos.
Cuando el país abría las puertas de la libertad El Flaco rápidamente las captó. Formaban parte natural de su espíritu libre y de su entonces pelo largo. Anduvo por ahí recogiendo experiencia en aventuras, viviendo artesanalmente y descubriendo un mundo natural en la Isla de la Magia, en donde hablan portugués.
Al tiempo El Flaco volvió a ponerse al frente del pan y de la harina, pero sus sueños ambicionaron otras ideas. Lo conquistó el gusto por actuar, leer guiones, descubrir literatura, retar a su público, retarse a sí mismo. Rápidamente le descubrieron sus dotes. El Flaco subió al escenario y su espíritu se enriqueció. Actuando era feliz.
Anduvo por algunos sitios viviendo escenarios y supo que podía seguir yendo más allá.
Ya adulto se puso a estudiar portugués. Más tarde pasó a estar al otro lado de la clase. Ahora sería el profesor, "el viejo de portugués". Clases que lo llevarían a seguir viajando un poco más.
El Flaco estuvo al lado de su padre cuando sus últimas horas. Junto a su madre en su ancianidad. Además es capaz de escuchar y devolver comprensión. O recibir palos y devolver comprensión.
También solía probar algunos vinos y llegar a catar más de la cuenta hasta interrumpir a los gritos una oración dominguera en su antiguo colegio. En la liberación del alma El Flaco recuerda sus malos pasos con sonrisa abierta.
Era gustoso de un pedazo de playa mitad pescadores mitad arena, no muy concurrida, de su barrio que era barrio, de algún deporte, de arrimar el codo a mostradores atorrantes para abrazar a sus amigos en medio del denso humo tabacalero y compartir cualquier charla, hasta la más inteligente. Porque El Flaco lo es.
Buen actor, actividad que no llega a profesión, por lo menos para él y más en tales pueblos. Merece más escenarios, hasta los que otros nombran más. Es actor por vocación y le brinda al arte su entrega y pasión. La mejor de sus recompensas es, como todo artista que vaga en espíritu junto al jinete de Rocinante, el cálido aplauso de la platea y la sincera felicitación luego que cae el telón. Entonces El Flaco es El Flaco que siempre quiso ser.
Trabaja hablando en portugués, como le gusta. Actúa y llena su alma con cinco o cinco mil en la platea. Pero su prodigioso arte natural, a diario también se olvida de él, lo abandona, porque en vida real El Flaco no sabe actuar, es auténtico.
Seguro que le esperan más y más escenarios para disfrutar. Aguardan por él.
Ahora andará por ahí, quien sabe donde. Tal vez pensando en su próximo personaje, o dando clases de portugués, en risa franca de alguna trasnochada con sabor a vino y amigos o recordando su vida en las canas que devuelve el espejo. Quizás envuelto en la nostalgia de algún fado... o que se yo.