LA CANCIÓN DEL PARIA

"... y siempre voy vagando... y si algún día siente, mi espíritu, apagarse la fe que lo alumbró, sabré morir de angustia, más, sin doblar la frente, sabré matar mi alma... pero arrastrarla no" (O. Fernández Ríos)

martes, 26 de mayo de 2009

DEDICADO A GUZMÁN FONSECA

... que por estos días sigue luchando y recuperándose de una larga enfermedad...
A un noble profesor:
“NUNCA CAMINARÁS SOLO”
Estimado Guzmán:
Rodgers y Hammerstein compusieron una canción para un musical. Era 1945 y pronto tuvo popularidad porque las familias con soldados en la guerra se sintieron identificadas. La poderosa unión de melodía y letra indican que siempre hay un guía y un amigo del que obtendremos amor y bondad. Sinatra la cantó, los Blue Belles también, Presley más tarde y otros más. En 1960, en un barrio de Liverpool, surge la versión de los Pacemakers. Dicen que esta canción comenzó a difundirse, casi sin querer, en los minutos previos a los partidos de fútbol del Liverpool. Dicen que un día se olvidaron y entonces los hinchas decidieron cantarla por sus voces y así fue naciendo y creciendo la sentimental y grandiosa versión de los “reds”, renovada a cada domingo por un coro de puertas abiertas a todas las voces, las bellas y las desafinadas, formadas en desorden, un coro de todas las edades, de miles. Hasta los más recios obreros hinchas lagrimean en su estadio cantándole a su equipo que jamás caminará solo.
“Cuando camines atravesando una tormenta, mantén bien alta la cabeza, y no te preocupes por la oscuridad. Al final de la tormenta, hay un cielo dorado, y el dulce y argentino canto de una alondra”.
Hace tiempo quería escribirte, tendría tantas cosas para decirte, pero no sabía cómo contarte, tenían que ser palabras que debieras sentir como un abrazo. ¿Cómo llegar a vos? Sé que sabes del maravilloso entorno que te protege, sé que estás en cada palabra de tus alumnos, estás en cada jugada, en mil muñecas quebradas que buscan la victoria, en la defensa del último segundo, en el caballeroso saludo aún vencido, en la asistencia al compañero, en el noble gesto del paciente base que espera por años la conquista, en cada mensaje lleno de impotencia y esperanza que grita por vos. ¿Cómo has hecho para estar siempre en tantos lados? ¿Quién puede explicar tanta extensión de tu nobleza?
¿Tu nombre quizás? Que para los germanos es un “enviado de Dios”, o el castellanizado “buen hombre” inglés, o el visigodo “noble con distinción”. En la España medieval el guzmán era el noble que llegaba al ejército como el soldado elegido. O aquel otro, el castellano caballero Guzmán, a quien le decían “el bueno”, y a quien la tradición atribuye todas las virtudes caballerescas.
Si algún día pensabas que podías quedarte para siempre en la piel y pensamiento de tus alumnos y de tus amigos, apreciado Guzmán… ¡lo has conseguido! Si algún día pensabas que yo podría verte reflejado en cualquier camiseta roja y en una sentimental y vieja canción… ¡lo has conseguido!, como por arte de tu magia, que es única y necesaria.
Una tarde de estas yo pasaba por ahí, en algún sitio de mi mallorquín lugar multicultural y caminando hacia mí venía un “red”, de menudo físico, de pelo claro, de andar decidido, vestido de rojo, de rojo sí, con la camiseta del Liverpool, cantando orgulloso su canción. No lo sabía él, ni lo sabrá, que se había venido de tierras inglesas para pasar junto a mí, sin mirarme siquiera, enseñándome el camino de cómo darte un abrazo.
“Camina a través del viento, -sé que cantaba el “red”- camina a través de la lluvia, aunque tus sueños se vean sacudidos y golpeados, sigue caminando, sigue caminando, con esperanza en el corazón…
…y jamás caminarás solo… Nunca caminarás solo…”
Publicado en Semanario Entrega 2000 de Mercedes el 22 de mayo 2009 -